Saltar al contenido
Volver
Piedras Blancas y Arví: la arqueología sobre Medellín

Piedras Blancas y Arví: la arqueología sobre Medellín

Piedras Blancas y Arví: la arqueología sobre Medellín

Casi todo el mundo sube en Metrocable al Parque Arví por el bosque. El parque queda dentro de algo más grande: un Área Arqueológica Protegida de orden nacional de 3.200,9 hectáreas, más 3.693,7 hectáreas de área de influencia, declarada en 2019 en jurisdicción de Medellín y Guarne (Resolución ICANH 24 de 2019). Ahí hay caminos de piedra, 1.300 campos amurallados, salados trabajados antes de la llegada de los españoles y minas coloniales de oro.

El plan de manejo habla de «un intenso proceso de ocupación a lo largo de por lo menos 5000 años» (Plan de Manejo Arqueológico, p. 4 del PDF). Lo que no se ha resuelto es quién construyó los caminos que la gente sube a caminar. Esta guía recoge lo que dicen las fuentes, incluso donde se contradicen.

Las cifras

DatoValorFuente
Primera declaratoria nacionalResolución 797 del 31 de julio de 1998 (Ministerio de Cultura)Plan de Manejo, p. 13 del PDF
Área declarada en 19981.537 ha (el plan da en otra parte unos 16 km²)Res. ICANH 24/2019
Área Arqueológica ProtegidaResolución 24 del 14 de febrero de 2019 (ICANH)Res. ICANH 24/2019
Área protegida / de influencia3.200,9 ha / 3.693,7 ha (6.894,6 ha en total)Res. ICANH 24/2019
Campos circundados cartografiados1.300Plan de Manejo, p. 17 del PDF
Canales cartografiadosaproximadamente 45.123 m en 1.042 segmentos, más 89.041 m de canales con muro en 704 segmentosPlan de Manejo, p. 22 del PDF, tabla 3
Altura2.340–2.680 msnmPlan de Manejo, p. 10 del PDF
Apertura del Parque ArvíFebrero de 2010Metro de Medellín
Línea L del Metrocable4,6 km, 15 minutos; en operación desde el 9 de febrero de 2010Metro de Medellín

¿Dónde queda Piedras Blancas?

La cuenca alta de la quebrada Piedras Blancas está «a aproximadamente 20 km al oriente de la ciudad de Medellín», entre los 2.340 y 2.680 msnm (Plan de Manejo, p. 10 del PDF). Queda en Santa Elena, «uno de los cinco corregimientos que conforman el área rural del Municipio de Medellín», que es corregimiento desde 1987 por el Acuerdo 54 del Concejo y tiene 7.412,83 hectáreas (Alcaldía de Medellín). La vereda Piedras Blancas es «la más extensa del corregimiento y de Medellín con 2.223,67 hectáreas, que representan el 30% del área total del corregimiento» (Alcaldía de Medellín, Raíces): es el mismo dato municipal de arriba, publicado en otra página de la ciudad, así que cuenta como una sola fuente.

En Santa Elena también viven los silleteros (ver nuestra historia documentada de los silleteros).

El plan de manejo habla de «la importancia geoestratégica de la zona» y documenta acciones institucionales en 1874, 1918, 1947–1952 y 1970 (Plan de Manejo, p. 7 del PDF). La represa de Piedras Blancas, construida entre 1948 y 1952 y «la primera represa de tierra en el departamento de Antioquia», queda en jurisdicción del municipio de Guarne (Alcaldía de Medellín).

La Zona Forestal Protectora del Río Nare se reservó en 1970. En 2010 se redelimitó a 8.829 hectáreas, menos de los 118,25 km² (11.825 ha) reservados en 1970, y uno de sus objetivos es «contribuir a la conservación de la zona de patrimonio arqueológico de la Nación» (Resolución 1510 de 2010).

¿Qué encontraron los arqueólogos?

Casi todo lo que se sabe del sitio sale de un solo documento —el plan de manejo de 2018— y buena parte de él, del trabajo de campo de sus propios autores. Lo que el plan reporta es un paisaje trabajado, no una ciudad en ruinas: «caminos, acequias, quebradas canalizadas, diversos tipos de estructuras en piedra, … campos de cultivo, plataformas, basureros, abundante cerámica y salados» (Plan de Manejo, p. 5 del PDF).

Casi toda la cartografía viene del diagnóstico de 2014: «recorridos sistemáticos durante 70 días cubriendo un área aproximada de 2.724 hectáreas, registrando evidencias arqueológicas mediante la toma de 2.433 puntos con GPS». Fue una fase de diagnóstico, en la que «no se realizaron pozos de sondeo, descombramientos, ni recolección» de materiales (ídem, p. 5 del PDF). Las excavaciones que se citan más abajo son de otros proyectos.

Campos circundados

Lo más abundante son los campos circundados, «espacios claramente delimitados por muros de tierra y piedra». La gente de la zona todavía los trabaja y los llama huertas. Hay 1.300 cartografiados. Su densidad y la datación absoluta de ocho campos «permitieron proponer la hipótesis de que el inicio de su construcción podría remontarse a 2.900 años antes del presente» (Plan de Manejo, p. 17 del PDF). El plan la presenta como hipótesis, y así debería citarse: ocho campos datados de 1.300 es una muestra por debajo del uno por ciento. Todas las fechas del plan van en años radiocarbónicos sin calibrar, sin el material ni el contexto estratigráfico que permitirían juzgar qué data cada una.

Los salados

Los salados, que en la zona también llaman «Ojos de Aguasal» (Alcaldía de Medellín), son «un recurso evidentemente explotado en tiempos prehispánicos y que es comparativamente excepcional en el valle del Aburrá». El plan registra «cinco salados con evidencias de manejo prehispánico» en la vertiente noroccidental, entre las quebradas Piedras Blancas y Gurupera, y en total cartografía siete (Plan de Manejo, pp. 5, 17 y 22 del PDF).

Un estudio de 2017 encontró que un lugar de habitación cercano a las fuentes salinas, «ocupado durante 180 años desde comienzos del siglo xvi d. C. se distingue por la orfebrería y la producción de sal». Su autor sospecha de «los cuencos poco profundos, de bocas anchas y bordes biselados»: es posible que sirvieran para la evaporación de aguasal (Obregón-Cardona 2017, Boletín de Antropología). El mismo estudio describe a Piedras Blancas en el Período Tardío como «un asentamiento disperso en el que no existen poblados».

El Tiestero

En la parte central de la vereda Mazo hay «abundante cerámica visible en superficie en un único estrato rastreado por más de 100 hectáreas». Dentro de esa dispersión hay un depósito denso de unos 3.000 m² que los arqueólogos llaman basurero y los habitantes «El Tiestero» (Plan de Manejo, pp. 17 y 76 del PDF).

El plan da dos fechas: 1430 ± 60 AP (código de laboratorio Beta 67470) «para el inicio del depósito» y 1540 ± 60 AP (Beta 67471) «para su posible abandono». Tal como están impresas van al revés —1540 AP es la más antigua— y el plan no lo explica. «AP» son años radiocarbónicos sin calibrar, contados desde 1950. La mayor parte de la cerámica es del estilo Marrón Inciso, con «más de una docena de fechas absolutas» que remiten al período Quimbaya Clásico (ídem, p. 13 del PDF).

Los aterrazamientos de Matasanos

En Matasanos hay siete aterrazamientos «delimitados con cortes recubiertos con piedra a manera de muros de contención». Al lado hay una estructura circular de unos 2,50 m de alto por 3 m de diámetro en su cima plana, que el plan llama una posible «torre o atalaya» (Plan de Manejo, p. 19 del PDF).

Las minas coloniales

No todo es prehispánico. El diagnóstico delimitó cuatro grandes espacios «masivamente alterados y excavados hasta remover varios metros de material parental», que los autores consideran «evidentemente alterados por acción de la minería colonial» y que «podrían corresponder a minas propiamente dichas» (Plan de Manejo, p. 21 del PDF). Los socavones son lo que los pobladores llaman «cuevas de indios» (ídem, p. 22 del PDF).

Uno se excavó. El plan lo archiva como El Rosario; los excavadores llaman al contexto El Molino, en el pequeño valle donde se juntan las quebradas El Rosario, El Molino y El Oro. Era «un espacio de vivienda construido a principios del siglo XVII, vinculado con la minería de aluvión asociada a las elites de la ciudad de Santa Fe de Antioquia», fechado en 340 ± 60 AP. (El plan ubica su propio El Rosario en otra confluencia —las quebradas Oro, Perico y Ruiz— y no dice si son el mismo lugar.) «Hacia la segunda mitad del siglo XIX, el contexto fue reocupado por pequeños mineros vinculados con la explotación de los yacimientos auríferos de veta» (Obregón, Gómez y Cardona 2005).

Una fecha que hay que leer con cuidado

7150 ± 230 AP (Beta 172858) es la fecha más antigua que reporta el plan y es fácil leerla como prueba de un asentamiento de 7.000 años. Salió de El Rosario, donde «la conclusión es que se trata de construcciones post hispánicas (coloniales y republicanas)» (Plan de Manejo, p. 16 del PDF).

¿Quién construyó los caminos de piedra?

Lo dice un documento, y vale la pena saber cuál. El plan registra que estos caminos fueron «descritos y presentados por Vélez y Botero (1997) y Botero y Vélez (1997) como de origen prehispánico y que Correa (2000) afirma son de origen republicano», y concluye: «Evidentemente la polémica no ha sido resuelta» (Plan de Manejo, p. 20 del PDF).

La investigadora responsable del plan es Sofía Botero Páez, una de las dos partes de esa discusión, y aun así deja la pregunta abierta, lo cual la honra. Pero el otro lado es difícil de revisar: la bibliografía del plan da el trabajo de Correa como un informe final de investigación, sin publicar, hecho para Corantioquia sobre la cuenca media de la quebrada Santa Elena —un tramo vecino, no este—. No encontramos copia de ese informe ni ningún otro trabajo que lo cite. El plan sí cita con aprobación otro trabajo de Correa —una clasificación de la red de caminos del borde del altiplano hecha para el Parque Regional Arví en 2000—, pero no como fuente de la tesis republicana. La «polémica» le llega al lector a través del resumen de una de las partes.

Datar un camino en términos absolutos es difícil (Plan de Manejo, p. 20 del PDF), así que la discusión se da por vía indirecta:

  1. El camino está hecho para caminantes. Botero Páez sostiene que el peldañeado es «completamente inadecuado a las necesidades y características de mulas y caballos» y que «impide irremediablemente el uso de la rueda». Su artículo de 2006 trata los caminos colombianos en general, no estos en particular, y plantea que solo la arqueología sistemática puede resolverlo (Botero Páez 2006).
  2. Alguien organizó la mano de obra. Obregón-Cardona propone «como hipótesis que los prestigiosos líderes locales durante el Período Tardío tuvieron la capacidad para movilizar la fuerza de trabajo con la cual se construyó el empedrado de los caminos». Ese artículo trata el empedrado como prehispánico, y a la vez fecha la mano de obra que lo construyó entre los siglos XII y XVII —una ventana que entra en el período colonial—: la fuente arbitrada más reciente no considera abierta la pregunta (Obregón-Cardona 2017).
  3. La declaratoria de 1998 es cuidadosa. Habla de «una amplia red de caminos entre los valles del Cauca y Magdalena, utilizados por los españoles en sus viajes de conquista y colonización» (Resolución 797 de 1998, Ministerio de Cultura). Dice utilizados, no construidos. Citamos la resolución misma, no la copia que trae el plan.
  4. La Alcaldía reparte el crédito. Lo describe como «un camino de piedra hincada, el cual demuestra la habilidad de los indígenas y colonos para romper las barreras de las montañas». Por ahí pasaron después «las recuas de mulas con mercancía» hacia el Valle de San Nicolás y, a través de él, al Magdalena Medio (Alcaldía de Medellín).

El POT define un camino antiguo por sus «elementos formales de construcción»: muros laterales, banca definida, superficies preparadas, muros de contención, peldaños y sistema de drenaje (Acuerdo 48 de 2014, art. 136). Las páginas del parque describen el Camino de la Cuesta como un recorrido «sobre un camino prehispánico» (Parque Arví): una de las dos posturas, dada por hecha.

¿Cieza de León caminó el «Camino de Cieza»?

Ninguna fuente que leímos lo pone ahí. El nombre está en la declaratoria misma de 1998, que lista «Laguna Camino de Cieza Matasanos» entre los sitios (Resolución 797 de 1998), y en la lista nacional de BIC (Ministerio de Cultura, fila 81), y ni siquiera hay acuerdo sobre cuál camino es: una página patrimonial del municipio habla del «camino prehispánico de la Cuesta o de Cieza» (Raíces), mientras que el POT lista «Camino de La Cuesta» y «Camino de Cieza» como dos entradas distintas (Acuerdo 48 de 2014, Anexo 4).

Las crónicas dicen menos de lo que cuenta la leyenda:

¿De dónde sale el nombre «Arví»?

De un rumor que nunca se confirmó. Cieza escribe que «afirman que hay una grande provincia y valle que dicen llamarse Arbi, muy poblada y rica. No se ha descubierto ni sabemos más desta fama». Ese pasaje está en el capítulo XXII, sobre la provincia de Pícara, en la región del Cauca, no sobre el valle de Aburrá (Cieza de León, La crónica del Perú). La reseña histórica del parque coincide en que «no se ha encontrado un sitio que lleve ese nombre», y dice que el nombre queda «como recuerdo de esta búsqueda infructuosa de un mítico tesoro» (Parque Arví).

¿Cómo está protegido el sitio?

Cuatro pasos en veintiún años:

  1. 1998: el Ministerio de Cultura declaró la cuenca alta de Piedras Blancas Bien de Interés Cultural (BIC) del ámbito nacional: 1.537 ha en cuatro polígonos que la ley considera Áreas Arqueológicas Protegidas (Res. ICANH 24/2019; Plan de Manejo, p. 12 del PDF). Los sitios, dice, «constituyen un valioso soporte científico para determinar la evolución de los primeros pobladores del oriente antioqueño».
  2. 2013: un estudio de la Universidad de Antioquia identificó «campos de cultivo, caminos, muros, acequias y canales de carácter arqueológico en una amplia zona de dispersión de cerca de 6.000 ha» (Res. ICANH 24/2019).
  3. 2018: la Alcaldía de Medellín y EPM enviaron al ICANH el Plan de Manejo Arqueológico (ídem).
  4. 2019: el ICANH declaró el Área Arqueológica Protegida ampliada y aprobó el plan, entre otras razones por la «afectación al patrimonio en el Cerro Pan de Azúcar … como producto del poblamiento masivo irregular» (ídem).

Dos reglas de la resolución les llegan a los visitantes. Las visitas guiadas a los sitios arqueológicos son «con grupos de máximo 25 personas en cada visita», en las zonas 1 y 2. Y está prohibido «realizar intervenciones en un área de tres metros alrededor» de los vestigios: es una restricción a obras e intervenciones, no al paso de quien camina (Res. ICANH 24/2019, arts. tercero y quinto).

El plan señala a La Laguna (Laguna de Guarne), por el turismo masivo, como el sitio «más intensamente intervenido y por lo tanto en mayor riesgo de ser irremediablemente desnaturalizado y contaminado» (Plan de Manejo, p. 19 del PDF).

¿Cómo visitar el Parque Arví?

Entrar al parque no cuesta. Como dice el propio parque, «en el Parque Arví solo pagas por los servicios que elijas disfrutar», como el senderismo guiado y autoguiado (Parque Arví, tarifas).

Para llegar en cable:

  1. Tome el Metro hasta la estación Acevedo, en el norte de la ciudad (Parque Arví).
  2. Haga transferencia a la Línea K del cable y suba hasta Santo Domingo (Parque Arví).
  3. Haga transbordo a la Línea L (Cable Arví), que tiene tarifa aparte (Parque Arví).

La Línea L recorre 4,6 km en 15 minutos (Metro de Medellín).

¿Qué día cierra? El parque cierra los martes (Parque Arví). Con el cable hay menos claridad, y las propias páginas del Metro no coinciden: la versión en español solo dice que la Línea L «no presta servicio el primer día hábil de la semana», sin nombrar el día; la versión en inglés omite esa nota y deja el horario sin traducir: imprime «Lunes a viernes» donde la página en español dice «Martes a viernes», es decir, le dice a un lector en inglés que la línea opera los lunes. El parque, por su parte, dice que el cable opera los mismos días que el parque. Confirme los dos antes de ir.

Horario. La página de visitas, la de cómo llegar y el pie de página del parque dicen de 9:30 a. m. a 5:30 p. m., de miércoles a lunes. Solo las preguntas frecuentes, actualizadas por última vez en 2023, dicen 4:30 p. m. (Parque Arví; preguntas frecuentes).

Tarifas de senderismo guiado o autoguiado, por persona:

VisitanteTarifaFuente
Extranjeros$30.000página de tarifas
Nacionales$20.000página de tarifas
Beneficiarios Sisbén IV (Área Metropolitana)$10.000página de tarifas
Residentes locales, estratos 1–3$10.000, o $7.000 lunes, miércoles y juevespreguntas frecuentes
Menores de 5 añosNo paganpágina de tarifas

Tarifas de la página del parque, actualizada el 25 de julio de 2025 y revisadas por nosotros en septiembre de 2026; la página de tarifas y las preguntas frecuentes no coinciden, así que damos las dos (Parque Arví). Los recorridos salen del Centro de Interpretación de El Tambo, en la plazoleta de llegada del cable, «desde las 9:30 a.m., cada 30 minutos, aproximadamente hasta las 4:00 p.m.», y duran «entre 1 hora y 4 horas» (Parque Arví).

Qué recorrer:

No se meta al agua. Está prohibido entrar a las fuentes de agua del parque. La quebrada El Salado, en Chorro Clarín, «desemboca en el embalse de Piedras Blancas que surte de agua» a parte de la ciudad (Parque Arví).

La subida en cable vale por sí sola: ver nuestra guía del Metrocable.

¿De qué cifras desconfiar?

«El Parque Arví tiene 16.000 hectáreas». Lo dicen las dos Wikipedias, y conviene leerlo como una confusión de límites más que como un error simple: la misma frase da 1.760 hectáreas de bosque —a una hectárea de la cifra del propio parque, que dice 1.761 en una página y 1.760 en sus preguntas frecuentes— y describe un área que abarca varios municipios. Ninguna fuente oficial que leímos da 16.000 para nada. Lo que sí dan: el plan de manejo le asigna al parque 2.555 hectáreas según una resolución de 2009 (Plan de Manejo, p. 7 del PDF); el parque habla de 1.761 hectáreas de bosque (Parque Arví); el área arqueológica protegida son 3.200,9 ha; la zona forestal, 8.829 ha. Cuatro límites, cuatro cifras: quien cite una debería decir cuál.

«Aquí hay gente desde hace 4.000 años», «5.000» o «7.000». El anuncio del parque de 2020 llama innegable la presencia humana «desde hace aproximadamente 4.000 años», y en la misma nota advierte que había que seguir analizando «antes de poder arrojar conclusiones certeras»; los restos que esa excavación recuperó están fechados entre 2.500 y 500 años (Parque Arví). El plan de manejo dice «por lo menos 5.000» (p. 4 del PDF). Ninguna respalda los 7.000: la única fecha tan antigua salió de un sitio que los investigadores concluyeron que es posterior a la llegada de los españoles.

«El Camino de Cieza es prehispánico y Cieza lo recorrió». Su origen sigue oficialmente sin resolver, la crónica de Cieza no lo pone en ningún camino, y el nombre remite a caminos distintos según el documento oficial que se consulte: todo eso queda documentado, con fuentes, en las secciones anteriores.

Para la mitad escrita de esa historia, ver nuestra guía de El Carnero de Medellín, la primera crónica de la ciudad.

Una nota sobre esta guía

Cada dato sale de una fuente que leímos directamente; las citas conservan la redacción original. Cuando las fuentes no coinciden, damos las dos lecturas en vez de escoger una en silencio. Las páginas del Plan de Manejo son páginas del PDF, que van una adelante del folio impreso.

Algunos estudios en los que se apoya el plan no los pudimos consultar porque no están en línea: Botero y Vélez (1997), Botero (1999) e Inés Correa (2000). Lo que decimos de ellos es lo que el plan dice que sostienen. Las tarifas y los horarios cambian; por eso indicamos la fecha de la página de donde sale cada dato.


Referencias:


Compartí este artículo en:

Artículo Anterior
El Carnero de Medellín: la primera crónica de la ciudad
Siguiente Artículo
Lugares Poco Turísticos de Medellín: Otraparte y Café Cliché